El inicio”surrealista” de: Luis Buñuel (...sus tres primeras películas en España) 1era parte Por: Pablo A. Curiel M.
“Escribe como si fuera una película del genio aragonés”
Carlos Fuentes
Cuando Guillaume Apollinaire en 1917 uso por vez prima el termino surrealista, no se imaginaría lo que pasaría a través de una cámara de cine: Un joven aragonés tomaba la misma, y en primer plano una mujer sentada mirando suavemente a la cámara, como si la saludara. Atrás de ella, Buñuel con la navaja en la mano, toma la cara de la mujer, y le rebana el ojo de un solo tajo. La cámara de cine sigue la acción. Y, nosotros como espectadores frente a la pantalla grande nos preguntamos: ¿Qué le pasa a este hombre? Con esa enorme sensibilidad para plasmar esa imagen prima de esa corriente que se establece hasta el 15 de octubre de 1924, cuando el escritor francés André Bretón, publica el “Manifiesto del surrealismo” en París. Este termino proviene del francés surréalisme: sur (sobre o por encima), creciendo un poco más la idea: realisme (realismo), que es igual a una combinación de la pintura y la danza, por aquellos años. Hoy en día el surrealismo va más allá. Porque se pueden combinar: la pintura, la danza, el teatro, la música, la fotografía, el grabado, el cine y hacerlos volar en un acto de prestidigitador (como el poeta español García Lorca). Para convertirlos en eso que miramos y que parece ser lo que es, pero, no lo es del todo. Así es el cine cine de Luis Buñuel. Una mujer anda en una bicicleta, la lente de Luis la toma de espaldas pues la cámara esta fija. En el cine se cuentan historias. Sí, ¿pero antes? Continua la toma y esa “mujer”, no lo es, es un hombre que anda en bicicleta y que lleva una cofia en la cabeza de enfermera. Como se disfrazaba por aquellos añejos años Luis Buñuel de monja, contando historias de zorros y poemas. La lente capta otra toma entre calles y otras cosas. El interior de una casa, miramos a: una mujer o la misma de la prima imagen antes descrita, lee algo o lo mira, puede ser un diario o álbum de fotos. ¿para que quería ver Buñuel que miráramos esto? La mujer se sorprende y ve pasar al hombre de la bicicleta por la ventana, pero, sin mirarlo. Es esto un pequeño esbozo de unos ojos sorprendidos, los de la mujer que vemos en la pantalla grande.
El marista en la ballesta o Es peligroso asomarse al interior. Eran los títulos manejados por los dos atrevidos educandos, (por aquellos años veintes): Luis Buñuel y Salvador Dalí, en 1929 en enero. Después de mucho tratamiento a aquel guion, su título final: “Un perro andalúz” o “Un chien andalou”: Ocho años después un ciclista acosa a una joven (la mujer de la imagen). Un incidente callejero los distrae. Un andrógino juega con la mano cortada y es atropellado. Aquel hombre de la bicicleta insiste con la mujer, y avanza, más, más y más. Un doble, que es el otro “doble”, aparece cual mago y castiga al hombre de la bicicleta, le dispara y lo mata; pero solo le dispara. Aquí hay un leve esbozo de surrealismo. Lo que podemos leer a simple vista, pero no, somos producto de eso. De esas mismas voces venidas desde allá desde muy lejos. De esos “itsmos” con modismos que vamos utilizando según Carlos Fuentes, cuando necesitamos agarraderas o muletillas (como las conocemos todos los artistas, ¿no?) Pero, la imagen en el film prosigue su andar. Las hormigas que devienen de la palma de la mano de la mujer. Ahí esta, pero después no. Podemos decir miles de cosas sobre de: “Chien andalou”, pero, ninguno de nosotros podremos llegar a esa lectura final y solo nos atreveremos a asentir y preguntarle algún crítico de cine: “Estoy de acuerdo en todo con usted. Pero, ¿que nos quiso decir Luis Buñuel en este film? Film atrevido, cercano, lejano, con un manejo de cámara innovador: Pero, si te mato. Para que vayas cayendo en una espalda femenina, en un bosque inmenso. Los curiosos vienen a su encuentro. Y el cartel final leemos: “au printemps...” o “en la primavera”, mientras una “nueva pareja”, se va despidiendo por las orillas de alguna playa europea. Al final dos cuerpos el de la mujer y el hombre que se consumieron así, enterrados y desgastados en esas playas. Y si al final lo crees y sonríes, no es cierto te gusto la cinta, aunque tu cara amigo lector diga completamente lo contrario.
“Han vencido el tiempo - treinta y siete años y la historia - la sociedad de consumidores, aquella visión de fuego de Buñuel y los surrealistas? Me rodea esta noche un público que dice lo contrario.”
Carlos Fuentes (escribiendo a propósito del estreno contado por el mismo cineasta al escritor mexicano).
Después del éxito y aceptación de ópera prima. Buñuel se adentro en nuevos caminos sobre la misma corriente, pero, creo yo que fue más allá, pues “L’ Age d´Or” o “La edad de oro”, duraba más tiempo para aquella época y las imágenes eran atrevidas e iban en aumento. Una rechifla final de los espectadores que asistieron a la sala hizo que se salieran y aventaran todo tipo de objetos a la pantalla. En la calle Luis vaga por la noche. De pronto, un hombre le da un libro de geografía y le dice la historia que puede contar, después de algún tiempito. Deja el libro y prosigue tratando de encontrar producción para su siguiente film. Es en vano pues no puede filmar sus proyectos más personales como: Cumbres borrascosas, Macbeth, etc, etc, por el fracaso de su segundo largometraje. Un día en su casa se sienta y mira Buñuel el libro que le dio el hombre. Lo comienza a leer y lo que parece un día apetecible, se convierte de pronto en días de trabajo. Comienza a realizar anotaciones, sobre el mismo libro, tachando y quitando hasta elaborar el solo; un guion: “Las Hurdes-Tierra sin pan” documental. Producido por su amigo: Ramón Acín Aquilué. Rodado en los días 23 de abril al 22 de mayo de 1933. Documental en Extremadura, en las Hurdes. Lugar habitado por personajes “raros”, pero con un inmenso corazón, lo describo de esta manera y no de otra porque así lo capto el director de fotografía de la cinta: Éli Lotar. Personajes solos por la tierra solos, en donde parece que no hay nada más que un pedazo de tierra que comer y a veces, ni eso. Cinta directa, que parece por momentos estar unido por alguna historia del mismo Buñuel y alguna “idea” surrealista sobre el tiempo de filmación. La cinta cuenta esta historia, al final la historia nos contaría otra. La guerra civil española, avasallo ciudades españolas, destruyendo tierras y amistades. Tal fue el caso, Buñuel perdería a su amigo: Ramón Acín Aquilué, el ejercito falangista, lo acuso de comunista y lo mando fusilar. A Buñuel se le prohibió poner en los créditos su nombre. Cuando Luis Buñuel tuvo los recursos económicos suficientes, por los años sesenta, pudo reivindicar eso para el arte. Hacerle justicia al amigo que nada tenía que ver con la política, ni con Franco, ni con la madre parida de nadie”, ni con el arte, que solo era amigo de Luis Buñuel. Y que por esta razón financiaba la cinta. El cineasta aragonés remasterizo el film y, puso el crédito de Ramón Acín Aquilué como productor.
Cineasta consciente que fue más allá de su tiempo, de sus aires, de sus palabras plasmadas en ese lienzo que es la pantalla grande. Surrealismo que le quedo un “poco” más chico de lo acostumbrado por aquellas épocas, pues hoy “La edad de oro”, no escandaliza a nadie y “nadie se muere en la hoguera como Juana aunque tenga muchos arcos.” Sírvanse ustedes de degustar: “Un chien andalou”, “L´Age d´Or” y “Las Hurdes”-tierra sin pan”. En esta tarde de domingo seguro estoy que la disfrutaran tanto, que miraran por otra ventana pues el cineasta filmo un poco más de films...
Este trabajo esta dedicado para los amigos: Héctor Garay, Gerardo Curiel.
A la amistad que mantuve con mi padre: Pablo Curiel González y a la familias Moreno, Álvarez, Pondevie, Walls,
Y: a la amistad de Carlos Fuentes que siempre le tuvo al cineasta aragonés.
Gracias...

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